Entrevista en el programa Desafío, de TV Azteca, con la periodista Estela Livera. Crestomatía, Azteca Opinión, Julio 2015.
Mostrando entradas con la etiqueta ulrich richter blog. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ulrich richter blog. Mostrar todas las entradas
lunes, 18 de julio de 2016
SI CONTRIBUYE A LA DEMOCRACIA Y ES PACÍFICA, CUALQUIER PROTESTA ES VÁLIDA
Entrevista en el programa Desafío, de TV Azteca, con la periodista Estela Livera. Crestomatía, Azteca Opinión, Julio 2015.
Etiquetas:
azteca noticias,
desafío,
estela livera,
mexico,
participación ciudadana,
poder ciudadano,
tv azteca,
ulrich richter blog
lunes, 25 de enero de 2016
LÍDERES DE MOVIMIENTOS CIVILES / GANDHI: EL REBELDE PACIFISTA
Considero importante hacer un
breve repaso de algunos líderes que, a través de su valor y acción,
emprendieron transformaciones en sus pueblos o países. A lo largo de la historia las
protestas y manifestaciones han sido motores de cambio y factores esenciales
que contribuyeron a la promoción de los derechos humanos.
En todas las regiones del mundo y
épocas de la historia, líderes y activistas han liderado e inspirado
movimientos de protesta que prepararon el terreno para los logros conseguidos
en la esfera de los derechos humanos.
He realizado una minuciosa
selección de algunos líderes sociales y políticos. De antemano sé que podrían
faltar algunos, pero aquí sólo daré unas pinceladas de su rebeldía,
que cambió no únicamente su vida, sino también el destino de su país: Emiliano Zapata,
Francisco Madero, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Lech Walesa,
Inácio Lula da Silva y José Mujica.
Comienzo con Gandhi, en
razón de que esta misma semana, el 30 de enero, cumple 68 años de fallecido.
GANDHI: EL REBELDE PACIFISTA
Mohandas Karamchand Gandhi fue un abogado, político y
pensador indio de los siglos XIX y XX. Nació el 2 de octubre de 1869 en
Porbandar, distrito de Gujarat, Kathiawar, una pequeña ciudad costera al oeste
de la India.
Cuando tenía 18 años se mudó a
Londres para estudiar derecho en el University College. Una vez terminada la
carrera, volvió a la India, de donde, como representante legal de una empresa,
se trasladó a Sudáfrica, sin saber que permanecería ahí 21 años. En ese país
vivió en carne propia la discriminación racial, ya que un uno de sus viajes en
tren de Durban a Pretoria fue expulsado de un vagón de clase superior en la que
no tenía derecho a viajar por ser nativo de un territorio colonizado. "En
opinión de Arun Gandhi, nieto de Mohandas y activista político por la paz y los
derechos humanos, ´aquella humillación fue lo que realmente despertó en él el
deseo de cambiar las cosas, y pasó toda la noche sentado en el andén pensando
cómo podría hacer justicia´.”
Participó junto con los
británicos como camillero en la guerra de los bóers, que enfrentó a las
autoridades coloniales británicas con los descendientes de los antiguos colonos
holandeses entre 1899 y 1902, y también en la rebelión de los zulúes de 1906,
que fue cruelmente reprimida por los británicos.
En 1907 las autoridades inglesas
aprobaron una ley que obligaba a todos los inmigrantes indios a registrarse con
sus huellas dactilares y que facultaba a la policía a registrar sus casas para
asegurar el cumplimiento de la ley. En esta ocasión, Gandhi puso en marcha por
primera vez el satyagraha
(literalmente en sánscrito, "aferrar firmemente la verdad"). Con esta
palabra designó su doctrina de poner en práctica la desobediencia civil
combinada con la no violencia. "Puestas en práctica de forma colectiva,
daban como resultado una resistencia pasiva por parte de la población que
dejaba desarmadas a las autoridades: los desobedientes no delinquían,
sencillamente se dedicaban a no colaborar con las autoridades en aquellas
cuestiones que consideraban injustas o ilegítimas; si se reprimían
violentamente sus manifestaciones, como era frecuente, no oponían violencia a
la autoridad agresora, que quedaba deslegitimada ante la sociedad.”
A su regreso a la India ya era un
líder político popular y un ser profundamente religoso. En 1919 las autoridades
británicas aprobaron un paquete de medidas legales que, so pretexto de abortar
conspiraciones revolucionarias, perpetuaban la restricción de los derechos
civiles, frente a lo que Gandhi lanzó su primera campaña nacional de
resistencia pasiva, que incluyó un llamado a la huelga general y
manifestaciones masivas, mismas que fueron reprimidas a tiros por los ingleses
y en las que murieron 379 personas. Meses más tarde Gandhi escribió sobre el
inicio de la lucha por la independencia, lanzando un movimiento nacional de no
cooperación, por lo cual fue arrestado y juzgado en marzo de 1922. Condenado a
seis años de prisión, fue transformando la apatía de los indios en una
participación activa.
En 1930, el gobierno británico
aplicó un impuesto sobre la sal, lo que afectaba a la población más pobre, para
lo cual Gandhi organizó una peregrinación pacífica, que duró 24 días, animando
a los indios a fabricar y vender sal; la represión no se hizo esperar, y se
arrestó a más de 60 mil personas, incluyendo a Gandhi. Ante tales disturbios,
el virrey invitó a negociar a este último, negociaciones que se trasladaron a
Londres, a las que Gandhi ya llegó vestido con un paño que cubría su cintura y
una capa para protegerse del frío. Para entonces ya contaba con 62 años de edad
y siguió la lucha, que se cruzó con el estallido de la segunda guerra mundial
en 1939, cuando el virrey declaró a la India en guerra contra Japón. En 1942
reclamó la independencia, situación que de nueva cuenta lo llevó a la cárcel. Una
vez terminada la segunda guerra en 1945, la crisis económica dejó sin recursos
a Gran Bretaña para reconstruir el aparato imperial y se convocó a elecciones,
proclamándose la independencia de la India el 15 de abril de 1947.
Gandhi no sólo fue un ejemplo de
hombre comprometido con erradicar la injusticia y conseguir un mundo mejor,
sino que para conseguirlo desarrolló procedimientos radicalmente nuevos en la
historia de la humanidad. La no violencia, la no colaboración con las
autoridades y la resistencia pasiva a sus decisiones se mostraron más efectivas
que el más moderno de los tanques o el más eficiente de los aviones.
Dijo Gandhi:
No soy un visionario, pretendo
ser un idealista práctico. La religión de la no violencia no está destinada
meramente a los rishis y los santos, también está hecha para la gente común. La
no violencia es la ley de nuestra especie, como la violencia es la ley de las
bestias. En los animales, el espíritu yace dormido, de modo que no conocen otra
ley que la del poder físico. La dignidad del hombre requiere de la obediencia a
una ley más elevada: la fuerza del espíritu. Por ello, me aventuré a proponerle
a la India la antigua ley del autosacrificio. Porque el satyagraha y sus
derivados, la no-cooperación y la resistencia civil no son otra cosa que
nombres nuevos para la ley del sufrimiento. Los rishis que descubrieron la ley
de la no-violencia en el centro de la violencia fueron genios más grandes que
Newton y guerreros más grandes que Wellington. Conociendo la fuerza de las
armas, se dieron cuenta de que su salvación se encuentra no en la violencia,
sino en la no-violencia.
El 30 de enero de 1948, a la edad
de 78 años, fue asesinado por Nathuram Godse.
lunes, 11 de enero de 2016
CIUDADANOS: TIEMPO DE ACCIÓN Y COMPROMISO
![]() |
| Imagen: Calde/ bit.ly/1OXuKhp |
La situación actual de la
sociedad mexicana no es sorpresiva. La historia de nuestro país da claros
ejemplos de la resistencia de la sociedad a cualquier cambio. Tal aspecto no es
necesariamente malo, siempre y cuando se canalice hacia la razón, la
información y la organización de todos los elementos movidos por esa
resistencia.
Es tiempo de acción, reacción y
participación de los ciudadanos.
Corresponde a los más comprometidos entre
ellos liderar este movimiento, que avanza poco a poco no sólo en la escena
política mexicana, sino también en la global.
Frente a los peligros que afrontan nuestras sociedades interdependientes es tiempo de acción, de participación, de no resignarse. Es tiempo de democracia genuina. Tiempo de movilizarse, de ser actores y no sólo espectadores impasibles, progresivamente uniformizados, gregarizados, obedientes.
Para lograr los cambios que se
persiguen, la protesta debe encauzarse a través de la acción cívica.
La acción cívica, como dirían
Alan Fowler y Kees Biekart, debe ser constructiva y transformativa. Su mensaje
central es la "autoorganización de los ciudadanos en torno a valores
inclusivos" en "el concepto de ciudadano como cocreador y la
caracterización de la democracia como en desarrollo, es decir, un sistema de
gobierno que fomenta la autoorganización del ciudadano en torno a proyectos que
generan empoderamiento político".
Al respecto, Savater menciona que
"los ciudadanos libres y pensantes deben ser conscientes de la
obligatoriedad de su participación en la política.
Un ser pensante tiene que
ser político. Como decía Aristóteles, somos animales políticos".
Entre las opciones actualmente
disponibles, la participación ciudadana y la democracia participativa son a mi
juicio las más acertadas.
PARTICIPACIÓN CIUDADANA
La participación ciudadana se
hace presente cuando los ciudadanos intervienen en el gobierno, no para asumir
un cargo público, sino para contribuir al mejoramiento de su país.
El propio
término participación se traduce en acción. Por eso no existe una participación
pasiva, ésta siempre será activa.
La participación debe ser elemento rector en
la vida de un ciudadano, por el cual tiene que ser activo no sólo el día de la
votación, sino siempre.
martes, 1 de diciembre de 2015
REIVINDIQUEMOS LA POLÍTICA
![]() |
| Ilustración: John Cuneo, The New Yorker |
La economía en el mundo ha vivido sus propias crisis, y de ello no está exenta la política. No sólo somos seres sociales, sino también políticos. Por ello, deben buscarse nuevas formas en las que se puede reconstruir o fortalecer la actual forma de hacer política.Los ciudadanos debemos hacer política, pero no desde cargos públicos, sino desde nuestra respectiva trinchera...
Atinadamente Fernando Savater dice: "Hay que reivindicar la política. Es obligación de todos participar en ella, pero con paciencia y tenacidad, para mejorar la situación social del país y para construir la democracia de México". Esta reivindicación puede tener varias aristas, una de las cuales es el involucramiento de la ciudadanía, traducido en lo que hoy conocemos como participación ciudadana, ya que ésta es la manera idónea de canalizar la indignación. En mi concepto, se trata de la mejor forma de construir una democracia.
Quizá te disguste la idea de
participar en la política, ya que es un ámbito demasiado desprestigiado. Pero
¿sabes qué? No tenemos otra opción, porque "de una buena conducción
política depende la estabilidad del Estado, la solución concertada de los
conflictos sociales y la satisfacción de las demandas de la población en
materias apremiantes como la inequidad económica, la desigualdad social, la
seguridad, la salud, la educación o el crecimiento económico. El buen
funcionamiento de las instituciones políticas y de los partidos, así como la
participación comprometida de los ciudadanos son indispensables para la
estabilidad general de la nación y la proyección de su futuro fundada en
consensos básicos.”
En apoyo a esta idea, afirma Luis
Salazar Carrión:
Como hemos visto, la política ha
sido siempre una tarea difícil, ambigua y ambivalente. Idealizarla es por eso
tan incorrecto como pretender superarla o desdeñarla. Para bien o para mal, el
destino de las sociedades y de las personas ha dependido y seguirá dependiendo
en buena medida de la política y de las maneras en que se interprete y se ejerza:
democrática o autocráticamente. En este sentido, la larga discusión establecida
por los clásicos del pensamiento político, desde Platón hasta Bobbio, sigue
siendo pertinente, pues en ella lo que se juega no sólo es la forma, belicista
o pacifista, autocrática o democrática, fanática o racional, en la que se
piensa y analiza la política, sino también la forma bárbara o civilizada en que
se practica. En el fondo, finalmente, lo que está en juego siempre en la
política es la lucha entre estas concepciones. Una, cabalmente incompatible con
los imperativos más elementales de la moral y el derecho, la autocrática. Otra,
más difícil y precaria, la democrática, que al menos en principio se esfuerza
por acercarse al máximo a su compatibilización.
Daniel Innerarity enfatiza:
Lo que no va bien es la política,
es decir, la posibilidad de convertir esa amalgama plural de fuerzas en
proyectos y transformaciones políticas, dar cauce y coherencia política a esas
expresiones populares y configurar el espacio público de calidad donde todo
ello se discuta, pondere y sintetice. Algo tiene que ver con esto el hecho de
que para quienes actúan políticamente cada vez sea más difícil formular agendas
alternativas. Estamos en una era postpolítica, de democracia sin política. Tenemos
una sociedad irritada y un sistema político agitado, cuya interacción apenas
produce nada nuevo, como tendríamos derecho a esperar de la naturaleza de los
problemas con los que tenemos que enfrentarnos.
Cada día tenemos más protestas,
pero hay que reconocer que éstas, en la mayoría de los casos, se justifican
debido al grado de impunidad que padecemos.
"Para que la política vuelva
a ser noble y ética", como señala Lorenzo Meyer, "es preciso que en
ese quehacer público participen los ciudadanos." Es hora de purificar la
política, de que sude por sus poros todas las toxinas que se han impregnado en
ella, y no hay otra forma de hacer esto sino mediante los ciudadanos.
Los
ciudadanos debemos hacer política, pero no desde cargos públicos, sino desde
nuestra trinchera, para contribuir de manera determinante en las decisiones
primordiales de la sociedad, influyendo en autoridades y políticos.
lunes, 23 de noviembre de 2015
EL PODER DE LA CALLE
El zócalo capitalino, como otras plazas del país y del mundo, son emblemáticas del llamado "poder de la calle". Las manifestaciones causan molestias a terceros, cierto, pero también es verdad que las autoridades generalmente no cumplen con escuchar al ciudadano.
El Zócalo de la ciudad de México,
también conocido como Plaza de la Constitución, ha sido la explanada emblemática
de las protestas ciudadanas en la Ciudad de México, pero también ha sido el
ágora, como se le conocía en la antigua Grecia, donde los ciudadanos del país se
manifiestan y expresan su parecer con el actuar de los gobiernos, a los que en
algunas ocasiones vitorean o abuchean. No en balde, en muchas ocasiones, esta
plaza emblemática ha sido convertida en sala de exposiciones y de múltiples
tópicos culturales o de entretenimiento, y de paso evitar que sea ocupada por
manifestantes o que se instalen plantones.
Podríamos afirmar que todas estas
modalidades de movilización son las formas más usuales y conocidas de la
protesta, unos participando en ellas y otros atrapados en el tráfico o en el
bloqueo. Es evidente que el campo fértil de la protesta ha sido "la
calle", más todavía en las grandes capitales, donde cualquier tipo de
manifestación colapsa las vialidades. Pero dejando de lado esta molestia que
sufren algunos, los ciudadanos, al protestar en la forma más usual, toman las avenidas,
cada día en mayor medida, por lo que esto se conoce ahora como "el poder
de la calle".
Al respecto señala Arcadi
Oliveres: "Esta es la hora. La hora de sentir otras voces y otros
clamores. La hora de salir a la calle y denunciar lo que está pasando y de
empezar el cambio".
Es cierto, rara vez se toma la
calle para vitorear o aplaudir a un político; ejemplo de ello se vivió con
motivo del fallecimiento del ex presidente de España, Adolfo Suárez González,
el martes 25 de marzo de 2014:
"Las calles de Madrid, donde
se vio el fiel reflejo del ambiente político y de la especie de tregua
provocada por la muerte de Adolfo Suárez. Primero, sólo se oía un sobrecogedor
silencio en la carrera de San Jerónimo. Después, la música militar. Más
adelante, el entusiasmo, la emoción y los aplausos de miles de ciudadanos y
gritos de ´¡viva la democracia!´. [...] A la salida del Congreso, donde había
permanecido más de 24 horas, la emoción se desbordó y llegaron los primeros
aplausos y gritos de ¡gracias, presidente!'. Al final del recorrido, en la
plaza de Cibeles —casi un kilómetro— una gran pancarta con esas dos palabras
resumía el sentimiento expresado por la mayoría".
Con gran sentido crítico, digno
de ser analizado, el observador global Moisés Naím refiere que las protestas
callejeras "se han puesto de moda. De Bangkok a Caracas y de Madrid a
Moscú, no pasa una semana sin que en alguna gran urbe del planeta una
muchedumbre tome las calles para criticar al gobierno o para denunciar problemas
más amplios, como la desigualdad o la corrupción. Con frecuencia las fotos
aéreas de estas marchas impresionan por el intimidante mar de gente que exige
cambios. Pero lo más sorprendente es que pocas veces logran su objetivo. Hay
una gran des-proporción entre la formidable energía política que vemos en las
manifestaciones y sus pocos resultados prácticos".
Otra opinión es que "todos
los movimientos y revueltas —de Oakland a Madrid y de Trípoli a México— son
ejemplos muy concretos del poder de la calle. Cuando los votos no cuentan,
cuando la democracia se queda coja, cuando las cortes y la policía sólo
protegen a los poderosos, cuando las muertes y secuestros quedan impunes,
cuando la sociedad toda beneficia sólo a unos pocos, cuando la desigualdad se
convierte en regla, cuando uno o dos deciden por todos... ése es el momento de
salir a la calle".
Entre los argumentos contra las
manifestaciones están que tu derecho termina cuando comienza el de los demás,
que se obstruye la libertad de tránsito, que se colapsan las vialidades y
afectan los comercios, pero sin duda estas molestias se deben a que no ha
habido una respuesta de la autoridad.
En la opinión del periodista
Ricardo Alemán, quien responde así al por qué de las marchas, manifestaciones y
plantones:
El círculo vicioso parece no
tener salida. Es decir, desde hace décadas los grupos inconformes por tal o
cual decisión de Estado, o por tal o cual acción privada, no acuden a las
instancias públicas en busca de solución o de justicia. ¿Y por qué no buscan
una solución en esas instancias? La respuesta todos la conocen.
Porque en México la justicia es
ciega, sorda y tortuosa; porque la justicia también es lenta y poco clara;
porque la justicia suele tener precio y estar al servicio del mejor postor. Por
eso grupos sociales, partidos políticos, legisladores, particulares y
ciudadanos de a pie prefieren recurrir a la protesta violenta, la movilización
callejera, el plantón, el bloqueo y el cerco social.
Y es que en México todos saben que
dañar a las mayorías mediante esos instrumentos —marchas, bloqueos y plantones—
suele ser una llave casi mágica, capaz de agilizar la respuesta de gobierno e
instituciones que, de otro modo, nunca responderían.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



